viernes, octubre 23, 2009

Due Date


Es difícil tener una real comprensión de la realidad que estás viviendo en un minuto dado de tu vida cuando lo que realmente quieres es evitarla. Son momentos de tu vida que sientes que todo está mejorando. Que realmente lo que viene hacia adelante es mejor. Pero… ¿Por qué me embarga la tristeza?

Una nueva etapa, cuantas veces he escuchado decir de mi propia boca o mis propias teclas para ser más exacto. Pero es la realidad. El cambio viene y más rápido de lo que jamás imaginé. Me cayó encima y sentí todo un peso en un par de horas. De nuevo… ¿Dónde está la felicidad?

Dios, se me atragantan las palabras, tengo tanto que decir que no soy capaz de escupirlo en un par de líneas. Como explicar todo lo que me ha pasado en Argentina? Como llegar a poner en palabras como me cambió, cuanto crecí, cuanto estoy dejando atrás. No sé puede, al menos haré el intento.

Todo comenzó con una euforia sin límites. Día tras día conociendo la noche porteña y convirtiendome en uno más. Dejando que la vida me sumerja en ese nuevo mar de emociones que me quitaba poco a poco ese vacío tan grande en mi corazón que embarcó conmigo desde Chile con olor a los néctares de Centroamérica.

Llegue a una sociedad tan parecida a la nuestra pero al mismo tiempo tan distinta. Valores que tomamos por dados, estaban enfocados a otro rumbo. A veces buenos, a veces malos, pero siempre ahí. Diferentes pero haciendo mella en esa piedra cultural tan fuerte que me había marcado toda mi vida. Demostrándome que la vida no tiene un solo sentido sino más bien una conjunción de caminos dentro de los que vas saltando como si fueran realidades paralelas y te van formando en uno sólo que irónicamente tiene el nombre de “tu vida”.

La locura inicial se convirtió en un estado de acostumbramiento y a asumir una nueva realidad… A asumir algo que estaba perdido en lo más profundo de mi vida: humildad. Dios… como me faltaba. Si bien el esfuerzo y el jugarla por mi vida siempre han sido parte de mi, jamás me di cuenta que a pesar de todo la comodidad de mi ambiente que inevitablemente me habría oportunidades que no eran normales, me llevaba por el camino de la facilidad esforzada. Interesante término.

Llegado el punto vinieron los inevitables conflictos de vida. Amigos, trabajo… corazones rotos… Nada anormal… si no lo vives sólo. Pero me embargaron las ganas de escapar, de dejarlo todo atrás y ni siquiera mirar. De volver… volver para siempre. Pero el destino, una fortaleza escondida y quizás los lazos del destino me retuvieron cerca de las aguas del río de la plata. No me querían soltar.

Entre brincos y saltos, encontré un poco de tranquilidad para mi corazón. Un poco de tibiedad para aquella nublada parte de mi que cada día se iba consumiendo en la falta. La compañía me revivió, revitalizó y enseñó.

Ahora… aquí estoy. Esta vez más tranquilo. Más maduro. Más… triste. Hoy miro por la ventana y veo mi ciudad. Veo los recuerdos que pasan flotando tal solitario suspiro en el aire. Escucho risas en el ambiente, risas que por siempre quedarán. Veo aquello ojos que me miraron con ternura de amigo y también aquellos que me miraron con pasión. Veo el entendimiento de aquellos amigos que me entregaron todo siendo que tan poco me conocían. En cada muralla… en cada esquina, los veo a cada uno y a todos. Me abruma la historia, me deja sin aliento.

Hoy, después de tantos días de no pensar, de estar completamente embobado en el trabajo. De solo pensar en completar los “due dates” y rendir.. rendir.. rendir rendir… hoy realmente llegue a casa… Hoy simplemente llegue sin nada que hacer. Por primera vez, a mi cabeza le comenzó a penetrar una idea que hasta el momento estaba retumbando cual tambor de guerra queriendo romper las barreras y demostrar su presencia. Lo logró. Lo sentí… Hoy por primera vez me dije a mi mismo: me voy.

Con una caminata lenta sin ganas, decidí no sé porqué, ya que me quedan 9 días… Decidí sacar la ropa… Hacer algunas maletas. Al ritmo de la música, ordené con una lentitud que definitivamente no me caracteriza. Hasta que ahí la vi. Arriba de mi cama abierta y llena hasta el tope de zapatos, poleras, pantalones… La maleta, el símbolo del viaje. El argumento que me faltaba, ahí gritando en frente mío “te vas... asúmelo”.

Logré hacer una maleta más y luego me quedé ahí… sólo mirando. Los pensamientos me cruzan, las ideas me vuelven loco. ¿Me podré quedar? ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿ME QUIERO IR??????

Quedan 9 días y el reloj no para de avanzar y va a llegar eventualmente a cero. No hay vuelta atrás, me voy. Esta ciudad se roba un pedazo de mi corazón que va a quedar impregnado en cada calle. Dejo un pedacito de mi alma en cada una de las personas que conocí. Espero dejar tanto como lo que me llevo.

Gracias por todas esas noches de joda.

Gracias por todas esas conversaciones.

Gracias por todos esos corazones que fueron mios temporalmente.

Gracias por hacerme crecer.

Gracias por convertir esto en una experiencia de vida.

Gracias

jueves, octubre 15, 2009

Guitarra en Mano


La materia prima de todo encuentro son los finos detalles a tomar en cuenta en la sinfonía que es la seducción. Cada detalle cuenta, cada detalle sirve y cada detalle… también te mata. Los andares de aquellas notas involucradas en esta suave canción siempre van cambiando de posición, subiendo de tono y otras veces llegando a niveles casi imperceptibles donde no quieren estar presentes pero tampoco quieren que los piensen desaparecidos. Así, como en todas las grandes artes, no hay una sola canción mejor que todo el resto. No hay un solo estilo ni duración. Creo que sobra decir… que no son las mismas notas.


Hay quienes viven bajo la filosofía del Don Juan. Quienes creen saber tocar todos los instrumentos, comprender todas las notas. Pero muy lejos está del arte de realmente poder ser parte de una canción. Un dueto que se forma a través del tiempo y que suavemente se va transformando en una sola voz que poco a poco es acompañado de nuevas voces que se agregan en el camino. La melodía de nuestras vidas.


Entonces, porqué a veces debemos modificar nuestro actuar? Porqué para poder lograr entrar en la vida de alguien se supone que debemos portar una mascareta de acciones; un disfraz del buen actuar. Un halo de misterio que nos permita ser más atractivos en el exterior: “¿Porqué me hace esto?”, “¿Qué pasa por su cabeza?”. ”Interesante” es como lo definen. El generarlo de tal forma de provocar atracción y después quizás más adelante poder mostrarte de una buena vez y quizás saber que es lo que realmente pasa por tu cabeza, cual es tu forma de ser… sin imágenes, sin misterios.


Es un constante juego de seducción donde vives flotando entre roles de varias personas en una, todos diferentes papeles que te duraran la noche, quizás hasta la siguiente mañana si es que tuviste suerte de enganchar la “línea” correcta. Personajes que sutilmente dejan escapar tu real personalidad y que poco a poco instalan en tu vida una bipolaridad generada y calculada. ¿Muy complejo? No lo creo, hoy forma parte de la sociedad en la que estoy inmiscuido, de la cual poco a poco nos ha ido absorbiendo hasta el punto donde cuesta reconocer quienes somos realmente. Hasta el punto de sentirte parte de este ritmo de vida. Hasta el punto de… olvidarte cual es un rol… y cual no.


¿Y si tienes éxito? Cuando tus dotes actorales son lo suficientemente bueno y tu personalidad te permite adoptar cada una de las “técnicas” las cuales te permiten compartir un par de horas de bailes o arrugar las sabanas, te sientes completo, poderoso. Pero… ¿hasta cuando? Cada día que vas incluyendo en tu vida nuevas experiencias de vidas ajenas, historias que increíblemente suenan al día a día de una sociedad tergiversada, pero tan… normal… no se entiende. Pero te adaptas. Hasta que surgen tus raíces y caes de golpe.


A semanas de volver a cambiar de rumbo, terminas haciendo un retro análisis de lo que has vivido, de cuanto has pasado y de las cosas que quieres guardar para ti. Te preguntas ¿que me quedó? ¿Que no olvidaré nunca? “Aquella noche en Kika con…. Como se llamaba ella? Espera espera… ya voy a caer… pero si me encantó! Pero su nombre???”… Dios… Efímero.


A fin de cuentas, después de tanto tiempo, si tengo que retroceder a una época realmente feliz, o al menos la más cercana donde sentía el poder componer mi propia canción, fue hace más de 2 años. Con ritmos tropicales de lluvia, locura y pasión. El resto, son momentos, muy buenos momentos. Pero siempre… momentos.


Para mí, la vida no está en la capacidad del Don Juan de conseguir lo que quiera, cuando quiera y sin limitaciones. Si la apertura y espontaneidad asusta a la mayoría y quita ese “misterio” de necesitar varios meses para comenzar a descubrir realmente a alguien, que más da? Prefiero el poder ser el reflejo de mi vida desde el primer día, a libro abierto, sin mascaretas. Al menos gustaras por quien eres.


Mi ritmo es diferente, mi canción desconocida con un poco de ritmo de la tristeza de un “Te Conozco” y la galantería del pensar y “Si fuera Ella”. Quizás pase suavemente desapercibido para la mayoría, pero siempre estará aquel oído fino capaz de sentir en el alma lo que quiero cantar y con un suave tarareo hacerse parte de mi canción.


¿Me pueden llegar a decir que existe algo mejor que esperarlo con mi guitarra en mano saboreando cada roce de mis dedos contra las cuerdas?